Seguidores

Visitor

De pronto comprendió que nada dura para siempre, y que pocas personas merecen la pena.


Ella caminaba con la cabeza agachada. Creo que nadie le dijo nunca eso de que se le caería la corona.   Aunque eso a ella le daba igual. Cuando lo único que te apetece hacer es desaparecer, y te cuesta hasta respirar, te importa una mierda si se te cae la corona, aunque sea de espinas. No quería ir a casa; se sentía como si le acabaran de dar un puñetazo en el estómago. Sin aliento. Destrozada, su corazón sangrando. Su garganta muda, no necesitaba palabras, cualquiera que la mirase a los ojos se daría cuenta de que algo no marchaba bien. Pudo oír con total claridad el chasquido que se produjo en su pecho cuando despertó de aquel sueño tan bonito. De pronto comprendió que nada dura para siempre, y que pocas personas merecen la pena. Que en la vida, y más en el amor, nada es lo que parece. Ni todo el chocolate del mundo la hubiera hecho sonreír. No tenía frío, ni calor, hambre, sed, sueño, aliento y pulso. Ni Ganas de vivir. Se dio cuenta de que los príncipes no existen, ya sean azules, verdes o fosforitos. "¿Cómo se me va a caer la corona?",  se preguntó. "Si ya me la sujetan los cuernos".

Ella caminaba con la cabeza agachada. Creo que nadie le dijo nunca eso de que se le caería la corona. Aunque eso a ella le daba igual. Cuando lo único que te apetece hacer es desaparecer, y te cuesta hasta respirar, te importa una mierda si se te cae la corona, aunque sea de espinas. 

No quería ir a casa; se sentía como si le acabaran de dar un puñetazo en el estómago. Sin aliento. Destrozada, su corazón sangrando. Su garganta muda, no necesitaba palabras, cualquiera que la mirase a los ojos se daría cuenta de que algo no marchaba bien. Pudo oír con total claridad el chasquido que se produjo en su pecho cuando despertó de aquel sueño tan bonito. 

De pronto comprendió que nada dura para siempre, y que pocas personas merecen la pena. Que en la vida, y más en el amor, nada es lo que parece. Ni todo el chocolate del mundo la hubiera hecho sonreír.

 No tenía frío, ni calor, hambre, sed, sueño, aliento y pulso. Ni Ganas de vivir. Se dio cuenta de que los príncipes no existen, ya sean azules, verdes o fosforitos. "¿Cómo se me va a caer la corona?", se preguntó: Si ya me la sujetan los cuernos.


Ella caminaba con la cabeza agachada. Creo que nadie le dijo nunca eso de que se le caería la corona.   Aunque eso a ella le daba igual. Cuando lo único que te apetece hacer es desaparecer, y te cuesta hasta respirar, te importa una mierda si se te cae la corona, aunque sea de espinas. No quería ir a casa; se sentía como si le acabaran de dar un puñetazo en el estómago. Sin aliento. Destrozada, su corazón sangrando. Su garganta muda, no necesitaba palabras, cualquiera que la mirase a los ojos se daría cuenta de que algo no marchaba bien. Pudo oír con total claridad el chasquido que se produjo en su pecho cuando despertó de aquel sueño tan bonito. De pronto comprendió que nada dura para siempre, y que pocas personas merecen la pena. Que en la vida, y más en el amor, nada es lo que parece. Ni todo el chocolate del mundo la hubiera hecho sonreír. No tenía frío, ni calor, hambre, sed, sueño, aliento y pulso. Ni Ganas de vivir. Se dio cuenta de que los príncipes no existen, ya sean azules, verdes o fosforitos. "¿Cómo se me va a caer la corona?",  se preguntó. "Si ya me la sujetan los cuernos".


2 comentarios:

  1. La infidelidad conlleva la perdida de la confianza y esa difícilmente se recupera, lo mejor que se debe hacer, es lo que cada uno de nosotros decidimos en situaciones así, lo mejor para ti niña

    Besos

    ResponderEliminar
  2. Las decepciones son siempre posibles, como dices, nada es para siempre, un amor debe pasar muchas pruebas para perdurar.

    Besitos dulces para tu noche.

    ResponderEliminar